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Memoria (In)descriptiva

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Reflexión a propósito del Concurso para el Edificio del Archivo Histórico de la Dirección de Geodesia de la Provincia de Buenos Aires.Hace unos días Federico tuvo la amabilidad de contactarse conmigo y sugerirme publicar el proyecto que elaboró junto con Moira para el concurso de la Dirección de Geodesia. Agradecí la propuesta y le pedí me envíe el material. Revisé el proyecto, que encontré interesante en varios aspectos, con algunas coincidencias con el que junto con Pablo elaboramos y otras con los proyectos ganadores. Pero lo que más me llamó la atención fue la memoria que elaboraron para acompañar la presentación. La considero una suerte de manifiesto sobre la des-conceptualización de la arquitectura: "Dejemos que hablen los edificios. Mejor, hagámoslos mudos, y en vez de hablar (o gritar) que cumplan con su cometido. Ayudar a vivir (mejor) a la gente."

Felicito a Federico y Moira por la firmeza de su posición y por la valentía de sumarla a un concurso. Ni decir que me sumo al reclamo y reivindico la absoluta autonomía de la arquitectura de las artes literarias y filosóficas.

Al final del texto podrán encontrar el material del proyecto.

“…nuestra misión es construir la textura y el tejido de una ciudad, no diseñar divertidas imágenes que se enorgullecen de ser diferentes. Nuestra tarea es diseñar y construir la norma, no las excepciones…” Hans Kollhoff

Aborrezco las memorias descriptivas. Me producen la misma visceral aversión que la inequidad, la injusticia o los bocadillos de acelga. Su propio nombre y su mera existencia se me antojan ridículos y redundantes. Echemos algo de luz sobre el asunto.

Por partes. Primero. Memoria de que? De algo que no hay que olvidarse? Podría sostenerse en la misma endeble (i)lógica que sustenta la existencia de las agendas (las de papel, las electrónicas no resisten el menor análisis). Si hay algo que no vale la pena acordarse, mas vale olvidarlo. Alguien ha extraviado de su memoria el olor del patio de la escuela, su primer beso o el gol de Maradona a los ingleses? Nadie. En absoluto. Imposible.

Segundo. Descriptiva. Descriptiva! Hay algo que atente de manera tan salvaje y brutal contra la inteligencia de un homínido como la explicación posterior a un chiste? No hay nada que describir, el mago no explica sus trucos. Menos que menos si no logra que el conejo salga de la galera.

Es un síntoma que sistemas de producción muchísimo mas avanzados (en todos sus estamentos) que el arquitectónico, o mejor dicho, que el de la construcción, como la industria automotriz o la de artículos del hogar, ni siquiera fantaseen con contar con tan diabólica herramienta de comunicación. Usted imagina a Bertone o Pinifarina explicando como lograron la belleza incomparable de sus bólidos, o a Tomas Maldonado esclareciendo el camino para llegar a la afeitadora Braun que usted tiene en sus manos? Impensable. Un lacónico “Manual del Usuario” es más que suficiente para usted, que lo único que tiene que hacer, precisamente, es usarlo.

Y vamos llegando al meollo de la cuestión. Que le sucedería a la disciplina si se produjera la universal abolición de las memorias descriptivas? Cuantas arquitecturas y sus manifestaciones periféricas (publicaciones, ensayos, conferencias, premios) perderían su mas importante sustento (bien endeble por cierto)? Que pasaría si no pudieran explicar con palabras su particular interpretación espacio-tecnológica de la ordinaria traducción al idioma de la Albion que consumen de las obras cierto filosofo francés post-estructuralista?

Adonde iría a parar el milenario arte de la construcción sin la posibilidad de dar a conocer los diagramas de flujos, redes y nodos, que cobijan las lógicas del diseño de los templos de entretenimiento contemporáneo?

Dejemos que hablen los edificios. Mejor, hagámoslos mudos, y en vez de hablar (o gritar) que cumplan con su cometido. Ayudar a vivir (mejor) a la gente.

Ah, además había otro edificio (el nuestro). Y bueno, miramos un poco la ciudad, le dimos una forma que pensamos debería ser la de la manzana cuando termine de crecer (alturas, profundidades, colores, texturas). Agarramos el programa y pusimos las cosas mas o menos como pensamos deberían ir: lo publico con lo publico, dando a la calle, y lo privado (las oficinas) para adentro, casualmente con lo privado, dando además al sur, a la mejor luz. Lo mas caro (de aislar, de acondicionar, de apagar si se prende fuego, de sostener porque es pesado), lo pusimos lo mas junto posible, buscando el mejor compromiso, apiladito y apretadito. Y enterrado (no precisa ventanas). Economía que le dicen.

Además hay una rampa, un agujero (o dos), una doble altura, algún balconeo olvidado.Por supuesto hay leyes, grillas, módulos, números mágicos, secciones áureas, formulas secretas.Pero eso es asunto nuestro. Ya les dije lo que no debe hacer el mago.

“…la única libertad que existe en la obra artística es la de crear un conjunto de condiciones que aporten orden y sistema y luego subordinarse absolutamente a ellas. A esto llamamos “discipline”, y sin ella no hay creación artística posible. Todo lo demás, o es ilusorio, o no es arte…” Robert Fripp

Publicado con permiso de La forma moderna en latinoamérica

­http://laformamodernaenlatinoamerica.blogspot.com/

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