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Conversaciones: Ada Tolla de Lot-ek

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Ada Tolla y Giuseppe Lignano tienen una maestría en diseño arquitectónico urbano pr la Universidad de Nápoles (1989) y realizaron estudios de posgrado en la Universidad de Columbia en Nueva York (1990-1991). Son socios fundadores de Lot-ek y docentes en distintas universidades de Nueva York.

Entrevista con Ada Tolla / Lot-ek
Carolina Verduzco

Más allá de los contenedores

Carolina Verduzco (C.V.): ¿Cómo ha evolucionado su práctica? ¿Se trata de cambios dentro de un mismo concepto o ha habido parte aguas claros dentro de su trayectoria?

Ada Tolla (A.T.): Decididamente ha habido muchísimo desarrollo. Mucha gente nos pregunta si no estamos aburridos (o estancados) de hacer proyectos con contenedores. Pero para nosotros no es así, siempre estamos pensando en algo más que podemos hacer con ellos. Buscamos entender objetos específicos, con sus dimensiones y estructuras, y mientras más los conoces, puedes lograr otras cosas con ellos. Cuando empezamos, éramos muy cuidadosos en cuanto a qué hacer o cómo usar el material. Siempre hay un diálogo entre lo que quieres hacer y cómo responde el objeto. Impones algo y el objeto reacciona; hay cosas que se pueden hacer y otras que no. A veces lo tienes que forzar o el objeto te dice hasta dónde. Al principio, los objetos nos sugirieron una manera de trabajar; ahora somos más agresivos; tomamos algo y lo cortamos, lo manipulamos, vamos mucho más lejos. Los contenedores no sólo nos inspiran, sino que tomamos algo y nos preguntamos qué podemos hacer.
La recesión fue muy buena para nosotros. El trabajo empezó a ir muy lento en el otoño de 2009 y pensamos: “No tenemos que deprimirnos, sino ponernos manos a la obra y verlo como un buen momento para replantear nuestro trabajo.” Retomamos muchas de esas ideas que nunca teníamos tiempo para experimentar. Empezamos a hacer un libro, no sólo con la idea de publicar proyectos realizados, sino mostrar proyectos futuros. Vimos que podíamos hacer cosas más conceptuales y experimentales, y ahora empezamos a realizarlas. Terminamos un proyecto en Corea, la Open School, donde los contenedores están cortados en diagonal; los apilamos y los inclinamos.

C.V.: Su trabajo se ha convertido en una especie de marca. ¿Piensan que esto les ha dado mayor libertad o los ha encasillado?

A.T.: Creativamente, sólo vamos a trabajar con estos objetos si nos hace sentir libres. Hay muchos proyectos sin contenedores, pero sentimos que es importante para nuestra identidad. Lot-ek es una idea, la de hacer cosas low tech, pero no es necesariamente el objeto sino una manera de ver las cosas. Cuando empezamos un proyecto, tendemos a pensar en materiales que impongan una resistencia, no a hacer cosas sobre una pantalla blanca, buscamos desafíos. Cuando empezamos, en los años 90, no había mucha gente haciendo esto. Ahora son muchísimos. El libro Container Atlas es una compilación con un mapeo de la arquitectura hecha con contenedores en los últimos 10 años. Y es mucha. La mayoría de los proyectos del libro son nuestros. Es interesante ver cómo tu práctica sobresale cuando hay tanta gente haciendo lo mismo. El autor nos pidió una cronología de todos los proyectos, pero sólo puso algunos. Al final, es muy fácil que la gente nos encasille, pero mientras nosotros nos sintamos emocionados y creativos, creamos que podemos seguir creciendo y estemos satisfechos con los resultados, lo seguiremos haciendo, pero recibimos muchas llamadas de gente que quiere un edificio con contenedores. Para ellos no somos arquitectos, somos “los que hacen cosas con contenedores.” No es que por que usemos estos objetos hacemos cosas baratas, al contrario, nuestra meta es crear cosas artísticas, esculturales, fuertes, no es un atajo, aunque al final claro que te encasillan y es algo con lo que constantemente luchamos.

C.V.: ¿En qué medida este modo de hacer arquitectura es más económico?

A.T.: Nuestro interés es creativo y sustentable, lo cual debería redundar también en un ahorro, pero esto no es lo fundamental. Es difícil explicar que no porque usas un material como éste significa que sea barato. Nuestra arquitectura tiene muchos estratos, pero el envoltorio es sólo un aspecto, lo demás está construido: desde ventanas y aislantes térmicos hasta muros y pisos. Al final, la construcción y el costo siguen siendo el mismo que en otros edificios. Podría resultar más barato si la modalidad cambiara, pero depende del proyecto. Si tomas un contenedor y no lo tocas, pues, sí, sería más económico, pero eso no es lo que hacemos, sino que lo cortamos, lo soldamos, lo volteamos. O sea que, al final, el objeto se convierte en otra cosa. El potencial está en que empezamos por estos objetos increíbles que ya existen y nos hemos ido expandiendo hasta usar otras cosas. Depende del encargo y de la habilidad de generar un sistema… o de escapar de ese sistema. En Holanda hicimos un proyecto conceptual con villas, usando 250 contenedores. Cuando trabajas a esa escala, sí cambia el precio. También hemos empezado a trabajar con compañías interesadas en hacer proyectos serios en África, no sólo un edificio, sino escuelas para un país entero. Cuando haces esa cantidad de edificios, si lo ves como un sistema diferente, entonces sí hay una diferencia de precio.

C.V.: ¿Han pensado en construir o han construido de manera tradicional?

A.T.: Para las obras en China, usamos algunos contenedores, pero son como plug-in. Hay otros con materiales completamente tradicionales, pero la manera de pensar en el volumen, el área del espacio, ya lo traemos adentro y pensamos automáticamente como si estuviéramos usando contenedores.

C.V.: ¿Han pensado en el reciclaje de sus proyectos, siguiendo su filosofía de reusar materiales?

A.T.: Puma City están pensando en instalarla en Boston por dos o tres años y estamos en tratativas para hacer un proyecto similar pero menos complejo. Muchas de estas cosas empiezan como una obra temporal y se convierten en permanentes. También así fue en Corea: los permisos fueron temporales, pero se pudieron renovar para volverlo permanente. Muchos de los primeros trabajos, como los apartamentos, fueron destruidos o hicimos renovaciones de interiores. Otros han quedado sólo en fotos. La fundación de arte en la calle 13, aquí en Nueva York (publicada en Arquine 35), estaba hecha con unos contenedores móviles que permitían combinar los espacios para modificar el área de exhibición. Cuando cerraron la galería, nos contactaron de Governors Island, cuando estaban empezando a construir el parque, y se los quedaron. Los pusieron en un lugar llamado “picnic área” y les dieron otro uso. Antes era un interior y ahora es un exterior; le quitaron las instalaciones eléctricas y se volvieron más públicos. Lo interesante es que el ejercicio de reciclaje es algo así como un “up-cylce”. O sea, tomas un objeto utilitario como un contenedor que se usa para transportar cosas y lo vuelves un objeto arquitectónico, dándole un valor más artístico. Entonces lo llevas a un nivel más alto y es interesante ver qué pasa a medida que este ejercicio sigue evolucionando.

Publicado con permiso de Arquiteca

­http://www.arquiteca.com/

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